Lo siento, pero no me resisto a divulgarlo:
A lo largo del tiempo, siempre ha habido algo
que me conmocionó. Aunque ese algo, ahora en los tiempos actuales parece ser
que casi ha sido erradicado.
—¡Pero no del todo!
Antes, empezaré refiriéndome a la labor médica.
Hay que reconocer que los médicos son la
salvaguarda de la salud y, todos hemos estado y estaremos enfermos alguna vez,
necesitando de su atención. Yo,
particularmente, estoy agradecido al respecto.
He visto a especialistas muy cualificados, que
nos atienden con, amabilidad, simpatía,
consideración, experiencia y algo importante, sin prisas. Me reservo sus
nombres, para no descalificar al resto.
— Hablo de lo concerniente al seguro privado.
Conozco a un dermatólogo de “Calidad Total”.
(Socialmente, y en el mundo laboral, se debe de
intentar conseguir la calidad total, pero muchos la consideran una utopía,
porque siempre hay alguien incumpliendo ese objetivo y, este no es el caso).
—¡En lo referente a la calidad total podríamos argumentar,
largo y tendido!
La carrera es larga y disciplinada además de la
vocación y nivel de compromiso superior. Hay que poseer fortaleza para lidiar
con el dolor ajeno siendo un buen médico al
ser un proceso largo y exigente.
— ¡Pero, vamos a lo que iba!
— ¡Muchos pacientes, piden un poco de amabilidad en las consultas!, sobre
todo en lo concerniente a la Seguridad Social, al ser dónde más incidencia
tiene el trato hacia el paciente.
Basándome en mi experiencia, he visto a algunos
médicos, con demasiada prepotencia.
—¿He dicho algunos?
El código ético médico dice, que siempre se
debe buscar el bien del paciente, sin hacerle daño y dejándolo decidir por sí
mismo, después de una correcta información.
El pobre y sufrido enfermo,
siempre tiene gratitud,
simplemente necesita comprensión y solamente una dosis mínima de amabilidad.
Además, el galeno debería saber adaptar sus explicaciones a nivel del enfermo.
Sobre todo, con personas de baja cultura, o
desplazados del campo no habituados al trato social ciudadano.
Conozco casos en los que algunos médicos
atendieron a los pacientes, en tono altanero, actuando sin empatía, de forma despectiva, chulesca y
prepotente, creyéndose en un estatus mental muy por encima de los demás, sin
sopesar que numerosos enfermos, también tienen
cultura inteligencia y preparación, únicamente es que al padecer alguna
dolencia solo buscan alivio, aunque a veces no lo consigan.
Nunca un enfermo se atreve a insinuar algo
sobre medicina, solamente se interesa e interroga sobre su preocupante salud.
El médico sabe, o debe de saber cuál es la solución y trasmitirle tranquilidad.
Sin increpar al paciente (como también he visto), con la frase tosca y chulesca
cuando este le hace alguna sugerencia.—¿Es usted médico?
En tono peyorativo, solamente para descalificarlo y humillarlo, al haber sugerido alguna opinión sobre su precaria salud.
El médico, maneja un ordenador. En muchos
casos, sin haber asistido a un curso previo, al menos del sistema operativo, con
lo cual a veces le surgen dificultades,
sin poder solucionar el problema. (Por decirlo de una manera suave). Pero, en ningún
caso, un ingeniero informático ha cortado e increpado a un médico con la
frase:
—¿Es usted informático?
—¡Deben de dejar hablar al paciente!, bajo mi
percepción.
Tampoco un médico sabe de leyes, humanismo, ingenierías,
o industria, por poner ejemplos. Nadie, que yo sepa, le increpa al respecto.
No me encaja eso de la mala letra en la receta,
totalmente ininteligible, tanto para el enfermo como para el farmacéutico, e
incluso para la persona de recepción en radiología.
Siempre le reitero a mis nietas y nietos:
Si algún día llegáis a ser médicos (cosa
probable), escribir bien legible o hacer una copia impresa. De esa manera, no
humillaréis a la parroquia ni al boticario.
Durante una consulta en un traumatólogo (de
cuyo nombre no quiero acordarme para no ir a males mayores), me dijo el cretino
creyéndose un dios, que él no tenía la pastilla “curalotodo”. Todo esto sin venir a cuento ni levantarse de
la silla. Para no discutir, por educación y por ética, me levanté y me fui,
perseguido por el personaje, puesto que, al percatarse de su desafortunada y
chulesca metedura de pata, recapacitó de inmediato queriendo rectificar con
precarias disculpas. Le resultaron inútiles sus frágiles argumentos.
Viendo en cierta ocasión un programa de televisión, un médico al que entrevistaban,
alardeaba de que al recibir a los visitadores médicos
les mostraba cara de póker (textualmente). Los consideraba inoportunos molestos y acaparadores de su tiempo.
Imaginar el talante que tendría con los enfermos.
Claudicó
vergonzosamente cuando uno de los
periodistas le suministró un inteligente
repaso, demostrándole que el visitador médico era un trabajador (licenciado
en muchos casos), con muy buena preparación. Solamente iba a hacerle un favor,
procurándole una información inteligente, gratuita,
e instructiva, ampliándole y actualizándole así sus conocimientos y formación sobre fármacos.
Podría
seguir detallando incidentes, pero no merece la pena, creo que a todos nos ha
pasado.
Pero,
accidentalmente hoy, me he enterado de que una médica (atención primaria de
Seguridad Social), ha tratado con despotismo a su paciente, además de no dar ni
una con el diagnóstico. Casualmente la paciente es una abogada, con más intelecto, formación y educación que la médica.
Ciertamente una mayoría de
médicos son
buenos.
Pero, de lo malo, hay en este país.
No se trata de que sea más o menos antipático/a,
sino de que sea buen médico o médica y
tenga profesionalidad (y ojo clínico).
Reconozco que la carrera es larga, pero también
otras muy difíciles, como por ejemplo la de matemáticas, ingeniería superior en
informática, o la de juez, entre otras.
Como la excepción confirma la regla, también conozco a médicos especialistas muy
cualificados, a los que solo le importa la salud de su paciente, tratándolo con
paciencia, amabilidad, empatía, y profesionalidad,
Informándole exhaustivamente sobre todo el
proceso de la dolencia, entregándole un claro y completo informe de
consulta impreso con el tratamiento, exploración y diagnóstico. En estos casos
se trata de los médicos y especialistas de nuevas generaciones (anteriores a la
mía), formados en otro concepto de sociabilidad.
—Reitero, que su carrera ha sido exhaustiva y,
tienen un trabajo intensivo viendo no menos de 150 pacientes a la semana. Soportando también a la gentuza, maleducados e
impresentables.
—¡Pero!
…
Escríbalo yo,
léalo el diablo.
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