martes, 14 de diciembre de 2010

18 TRATO DE ARTESANÍA


GUMÍA ARTESANA

Durante un veraneo caluroso que pasamos mi esposa y yo en compañía de unos parientes visitando la costa verde; aterrizamos cierta tarde con parsimonia en la feria de muestras de Gijón. Topamos por casualidad con una especie de zoco magrebí lleno de tenderetes en los que se exhibían toda clase de variedades típicas del norte de África. Se mostraban por doquier: Teteras artesanales labradas con arabescos y relieves, fanales en cristal multicolor, bisutería bereber de alpaca, bandejas rifeñas nostálgicas de cuscús, maletas y bolsos con raro tufillo a piel precariamente curtida, tapices y alfombras de las Mil y una Noches, telas de seda traídas de Samarkanda y babuchas fabricadas a mano, mitad badana y mitad cartón piedra; la lista sería interminable.
Inmediatamente, me llamaron la atención una serie de dagas expuestas estratégicamente para atraer a los coleccionistas de armas antiguas; interesándome rápidamente por una de ellas, muy solícito, un nómada intentaba vendérmela asegurando la pertenencia, en tiempo pasado, a un Jeque llamado “Lawrence of Arabia”, o algo así.
Mi acompañante, que vivió una muy larga temporada en el Sahara, como oficial de infantería y muy avezado en el entendimiento del carácter moruno, interrumpió rápidamente la negociación, afirmando fehacientemente lo burdo de la imitación.
Inesperadamente, apareció como por encanto de cuento oriental, un personaje acicalado a la usanza árabe; como podría haber vestido Alí Babá. Cargaba una chilaba más traída y llevada que el jubón de Lucas Trapaza, se cubría la cabeza con un viejo turbante descolorido, que en otra época pudo ser de un raro azul celeste o verde desmayado. Acompañaba al del zoco un “paisa”, con el pelo cortado tan violentamente, como si se lo hubiera cercenado un barbero beodo con vieja maquinilla perrezna.
Sentándose a la usanza oriental, asió el marroquí una alforja, de la que extrajo al estilo Aladino, varias hermosas gumías exhibiéndolas como si de joyas de califa se trataran; requiriendo por cada una de ellas tal fortuna, que muy holgadamente podría vivir una tribu beduina durante un lustro.
Mi familiar experto en decenas de estratagemas saharianas y sin dejarse embaucar con los argumentos históricos referentes a las gumías, debatió con el muslime durante un rato largo, ofreciéndole a cambio de las dagas una cantidad considerada justa para el buen fin del trato. No conformándose el vendedor con la suma ofrecida, nos largamos con la música a otra parte, para volver al día siguiente, erre que erre, procurando conseguir las armas al precio planteado.
Al tercer día, mi allegado, ya íntimo amigo del mercante; se acomodó junto a él sobre un escabel del siglo II ad C, revestido de almohadones exóticos traídos de Damasco. Y sin ceder un ápice de la cantidad propuesta, regateando mucho tiempo en tono coloquial selló su estrategia, hasta que con astucia abandonó la negociación en el momento preciso, dejando al agareno con tres palmos de narices y con la duda de haber desterrado su gran oportunidad de negocio.

–Con motivo de la celebración del Ramadán, Nadím (amigo), no pudo practicar la tradicional hospitalidad nómada, ofreciéndonos el popular té a la menta, por respeto al ayuno–

Cuando ya anochecido salíamos del recinto ferial, dando por terminada nuestra jornada de visita, oímos detrás de nosotros unos pasos presurosos y respiración jadeante. ¡Sorpresa! Era el rifeño que accedía a los deseos de mi pariente, claudicando y aceptando el precio ofrecido.
Fue la recompensa a la constancia,  al conocer y al diálogo  inteligente y convincente.
Conservo una de las gumías en un lugar preferente de mi casa y, cada vez que la contemplo me suscita el recuerdo del buen hacer, del talento y de la sensatez.




NOTAS ACLARATORIAS:

El nombre de Gumía deriva del árabe Comí que significa valiente. Indudablemente es un arma pero también es una herramienta que se utiliza para distintos usos. En la zona rural se usaría para cortar todo aquello que resultara necesario. En el desierto alcanza un mayor relieve. Al pueblo árabe se le ha identificado mucho con estas armas y es lógico si pensamos que gran parte de esta gente se ha movido siempre en zonas saharauis.

Para los que crean que el sustantivo “moro” es utilizado en tono peyorativo, adjunto a continuación la definición que hace la Enciclopedia Libre WikipediA


Moro es un término de uso popular y coloquial, para designar, sin distinción clara entre religión, etnia o cultura; a los naturales del Noroeste de África o Magreb (expresión árabe que comprende todo el oeste de África al norte del Sahara: la actual Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez e incluso Libia), y también de forma genérica a cualquier musulmán, independientemente de su origen.
Utilizado por autores griegos y romanos para designar a los pueblos norteafricanos habitantes del antiguo reino de Mauritania y las antiguas provincias romanas de Mauritania Tingitana y Mauritania Cesariense; desde la Edad Media el término moros se ha venido utilizando, incluso en la literatura culta, para designar a un conjunto impreciso de grupos humanos: tanto a los musulmanes españoles (andalusíes, enfrentados durante el extenso periodo histórico denominado Reconquista -siglos VIII al XV- a los reinos cristianos peninsulares), como a los bereberes, a los árabes o a los musulmanes de otras zonas (de forma intercambiable con otros términos hoy obsoletos -sarraceno, agareno, ismaelita, etc.-); incluso a los de raza negra (como Shakespeare en Otelo, el moro de Venecia, en un uso más propio de la Inglaterra isabelina) o a cualquier persona de tez oscura (como en el apodo del condottiero Ludovico Sforza, llamado Ludovico il Moro).

sábado, 2 de octubre de 2010

17 EL AFILADOR















EL AFILADOR



Apenas ya nadie se acuerda de aquella figura fascinante, que paseándose por las calles rodaba un artilugio a manera de carrito con una sola rueda de enorme diámetro, rematada con un aro de acero. Accionándola con un largo pedal de madera, movía una piedra esmeril de esas que lo mismo roen un hacha o un cuchillo de matachín.
Era EL AFILADOR: Al son del empuje marchaba soplando un silbato a modo de flauta del pan, llamado chiflo y al que en el silencio mañanero extraía unos sonidos en escalera, queriendo imitar una larga melodía que siempre terminaba con un concluyente y rápido silbido melódico, sonido identificativo del “afiliche”, como citaban los castizos. Algunos se recreaban soplando el chiflo luciéndose con largas sinfonías que sonaban en la lejanía para regocijo de la chavalería vociferante ¡Que viene el afilador..! Arremolinándose a su alrededor y embelesándose con las chispas provocadas por la piedra esmeril.
El chiflo, fabricado en madera y de forma triangular, a veces terminado en una figura zoomorfa a modo de empuñadura curva para mejorar el agarre, era para EL AFILADOR, lo mismo que para el pregonero la trompetilla. Al son del reclamo las tijeras salían de sus costureros, los cuchillos de sus cocinas y, cómo no, alguna que otra navaja trapera.
Los afiladores, también paragüeros, pertenecen ya a esa generación de oficios, sonidos y olores perdidos en el tiempo, pues fue a mediados del siglo XX cuando la emblemática “tarazana”, (así llamaban a la rueda del afilador) fue sustituida por útiles más modernos, como la bicicleta o la moto. Vestido con traje rústico de pana y boina, movía el pedal de la rueda y con un sonsonete chirriante, dejaba las herramientas tan afiladas que podían cortar un pelo en el aire. Generalmente los afiladores eran autóctonos de Orense, desde donde recorrían la península facturando su carricoche en el tren. Algunos, empujando la rueda llegaron hasta Sudamérica y Filipinas. Paulatinamente fueron modernizándose, cambiando de carrito a bicicleta y de después a moto, para desaparecer definitivamente de la urbe.
En la decadencia del oficio, la flauta del pan o “siku”, se convirtió en un silbato de plástico cutre, en colores fosforitos que ni por asomo se le podían extraer los sonidos legítimos y, en los kioscos llegaron a venderse como baratijas infantiles.
Esta es otra de las profesiones desaparecidas, como fueron las de hojalatero, curtidor, molinero, sombrerero o leñador entre otras, arrastrando consigo a los correspondientes aprendices, oficiales y maestros.
Todo viene y todo se va, como el proverbio de Navidad. También nosotros nos iremos y no volveremos más.

martes, 31 de marzo de 2009

16 MI MAESTRO



Ahora que me acuerdo. Hace tiempo me había pasado por la imaginación, volver la vista atrás y evocar a mi maestro, al que nunca he olvidado. Quiero llamarle “mí maestro”, porque entre todos los profesores que tuve, (él no fue el único) supuso para mi el excelente, preocupado por mi aprendizaje, no solamente se fijó en mí, sino en todos los escolares que tuvo. Conseguía sin sacudir bofetones, que nosotros no requiriéramos “Fósforo Ferrero” para memorizar.
Observaba desde mi pupitre su sonrisa clara y con su eterna tiza en la mano, desprendiendo un polvillo blanco que le cubría los brazos, explicaba los números y los ríos de tal manera, que mis horas de niño pasaban como paisaje motriz.
Aparecía presuroso en las mañanas de invierno arreando panorama, subido en su vieja bicicleta, soportando la dura ventisca y su sueldo exiguo, Importándole solamente las ilusiones de sus discípulos.
No persigo que todos sus alumnos le brinden una gran celebración, solo pido dedicarle una llamarada para entibiar el frío de su vida y entonar un himno en el que figure su nombre. Don NICOLÁS GARCÍA.
Le llegó el retiro siendo profesor del colegio Francisco de Vitoria, y en algunas ocasiones nos hemos encontrado y suscitando sus recuerdos se llenaba de júbilo recordando sus años juveniles.
Desde aquí mi grato reconocimiento.


Felipe García Fraile

sábado, 21 de marzo de 2009

15 CAMINAR EN EL TIEMPO


Subsisto en el tiempo
como objeto pasivo,
inanimado.
Solamente callo,
sueño,
dejo volar mi fantasía
y mis pensamientos,
Inmóvil,
en mis soledades.
Andar sin andar,
vagar,
marchar yermo
y despertar…

sábado, 30 de agosto de 2008

13 EL CAMPO




EL CAMPO
En nosotros, niños de la urbe, era impresionante el efecto que suscitaba el campo. Durante el curso escolar, solamente los jueves, que por la tarde era día de paseo, los PP. Salesianos nos sacaban a las afueras de la ciudad; salíamos hacia la "Media Luna", un descampado solitario, yermo e inerte. Allí corríamos y nos desfogábamos al aire libre, después y ordenadamente en fila de a tres, regresábamos al colegio para asistir a la Bendición, retornando a nuestras casas ya anochecido, un tanto aburridos por la monotonía diaria de la Misa matutina y Bendición vespertina, sabiendo que al día siguiente puntuales había que acudir otra vez a Misa de nueve, so pena de castigo perverso.

Para los que disfrutábamos el privilegio de tener familia en el campo, la cosa cambiaba radicalmente en verano. El campo era para nosotros, lugar donde disfrutar, en el que podíamos correr despreocupadamente entre los árboles atrapando bichos, o renacuajos a la orilla del río, y ver como la cigüeña, iba y venía transportando en su largo pico toda clase de sabandijas para alimentar a su nidada .
En las tardes veraniegas, después del toque de oración, era habitual ver a lo lejos algún que otro caminante, (siempre con su eterno sombrero de paja), regresando de las labores cotidianas, cantando alegremente aquellos cantares de antaño: – ­­¡Por el camino verde! …
También el cura paseaba hacia su casa portando el “llavón” de la Iglesia, el rostro enjuto y grave mirada, alargándole con indiferencia la mano a la chiquillería para darla a besar.

Por San Juan, partíamos presurosos, acompañados de nuestra madre hasta la parada de “La Serrana” –Así figuraba el rótulo en el autocar ("coche") de línea que hacía el recorrido entre Salamanca y Ledesma, parando en todos los pueblos y villorrios que encontraba a su paso.
Allí, en la parada, a modo de estación junto al mercado de San Juan la algarabía era grande. Se juntaban viajeros, acompañantes, recaderos y vendedores de golosinas. ¡Patatita americana!, ¡paquetito de caramelos oiga!...
El cobrador se apresuraba a colocar las maletas en la baca, donde también se acomodaban sobre todo los mozos, viajando al aire libre, como si de aeroplano ultraligero se tratara, marchaban felices, charlando y tarareando coplas, traspasando el viento calentorro de junio.
El viejo autobús subía la cuesta de los pizarrales renqueado con un sonsonete quejumbroso, el cobrador anunciaba las paradas ¡Villamayor!, ¡Valcuevo!, ¡Tesonera!, ¡Zorita! y por último, nuestro destino: Valverdón. La llegada se hacía frente al estanco de "Balta el hojalatero", estaba repleta de jolgorio. Entre saludos, besos y abrazos, la gente voceaba: ¡a ver, esa maleta de cuadros y la cesta de mimbre!
En nombre de Valverdón aparece por primera vez en un documento escrito, el 27 de febrero de 1298, con motivo de un pleito entre el cabildo de la catedral de Salamanca, de una parte, y su arcediano D. Diego y Martín Velasco de la otra, al someter a juicio de varios "maestros de acennas que viesen et julgasen si estas acennas eran acabadas o non".Se trataba de las que estaban junto a Santa Marta.
Entre los maestros aceñeros llamados, aparece (Diego) Mestre de VALVERDÓN, en fecha y año indicados.
El 8 de marzo del mismo año, los maestros declaran que las aceñas en cuestión no estaban terminadas y el arcediano y Martín de Velasco pierden el pleito. En esta ocasión vuelve a aparecer el nombre de Diego, con el título de "maestre de Valverdón", dos veces y con el de "mestre" simplemente, otras dos. Los de Valverdón eran reconocidos como “los aceñeros. ¹

Según interpretación de Ignacio Coca Tamame, Valverdón es un híbrido latino prerromano, cuyo significado alude a 'Valle del río' (Tormes), 'Valle del agua', La presencia de la -d- (dón, Valver-) corresponde probablemente a una etimología popular consistente en relacionar fonéticamente Verdón con el color verde.
Las tierras de Valverdón son tierras de "pan llevar". Tierras destinadas a la siembra de cereales y adecuadas para este cultivo. Algunas de las variedades de trigo cultivadas en la zona son: Candeal, común, chamorro, mocho, pané, etc.
Madoz se refiere a Valverdón como "VALBERDON" y continúa diciendo: Situado al N del río Tormes, el que pasa muy próximo a la población; el clima es frío y las enfermedades comunes las terciarias. Se compone de 54 casas de mediana construcción repartidas en cuatro calles; tiene una escuela de instrucción primaria concurrida por veintisiete niños y una enseñanza de niñas a la que asisten 17: una Igl. Parr. (San Juan Bautista) servida por un cura de primer ascenso y de provisión ordinaria, y un cementerio que en nada perjudica a la salud pública…

Al pasar por Tesonera, mi madre señalaba la “Casilla de Camineros”, afirmando que allí habían vivido sus abuelos.

Al lado de la carretera de Salamanca a Ledesma, a la altura de Mozodiel por el norte, con el río Tormes por el sur y Burrinas del otro lado, cruzada por un regato, entre Villamayor y Zorita, justo al lado de la desaparecida aldea de Rascón, está TESONERA. ²

Según el Diccionario de Madoz, Tesonera depende de Valverdón, juntamente con las alquerías de Riveraverde, Valcuebo, Benavides y Zorita.
Morfológicamente, Tesonera es un derivado, con doble sufijación, de teso.
Desde una perspectiva semántica el microtopónimo hace alusión a 'lugar en el que coinciden varias alturas'.
Mi bisabuelo, Manuel Fraile también estuvo de "Caminero" en la carretera que une Salamanca con Ledesma, teniendo seguramente a su cargo el tramo que une Villamayor con Valverdón, por ese motivo habitaban la "casilla" de Tesonera, de la que ahora no queda piedra sobre piedra.
Estaba situada la casilla a una legua de Villamayor, en dirección a Valverdón, en la zona derecha de la carretera, frente a lo que es hoy la entrada al parque de Valcuevo, que como todos sabéis es propiedad de Caja Duero.
La casilla era el prototipo de casas de camineros en aquella época, con un pozo de agua potable y anexo a la vivienda un corral donde se criaban animales domésticos, como cerdos, gallinas, pavos, conejos…
Como es natural, había también perro y gato, el primero ejerciendo de guardián y el segundo, con la inexcusable misión de exterminar a los roedores indeseados.
Generalmente, todo el mundo que vivía en el campo de aquel tiempo, era autosuficiente.
Sacrificando un gallo o cocinando aquellas patatas de antes, en puchero de barro y lumbre con leña de encina, aliñadas con nobles productos ibéricos, estaba resuelto el yantar del día. Eso sí, para la cena no faltaba la leche migada y los ricos embutidos. Observad, que en muchos restaurantes, a ese modo de cocinar se le denomina hoy; "alta cocina", y en otros "delicatessen".
En la fachada se podía ver el cartel anunciador del "Nitrato de Chile", encabezado por el conocido jinete.
Según información extraída de un estudio de la Universidad Politécnica de Valencia, el cartel del Nitrato de Chile lo pintó Adolfo López-Durán Lozano siendo estudiante de la carrera de arquitectura. Lo que empezó como atención de amigo para aliviar la "economía" de un estudiante, acabó siendo uno de los reclamos más populares en los paisajes españoles.
En los tiempos en que la publicidad estaba en mantillas, se hizo una campaña con gran intuición al colocarlo, no sólo en las primeras casas de muchos pueblos, sino también en casillas de peones camineros, casas de labor, bodegas y almacenes, los cuales se contaban por centenares y estaban repartidos por los parajes más pintorescos y estratégicos.


Hoy he visto vagamente
en el desván del pasado,
varios cofres de besos
que jamás he dado,
y cajas, sin estrenar,
llenas de sueños,
que nunca quise imaginar.

Felipe García Fraile

1. Vid. Adolfo Olivera Sánchez. Separata de ARCHIVO DOMINICANO Tomo XVI. P. 261.
2. Vid. Adolfo Olivera Sánchez. Separata de ARCHIVO DOMINICANO Tomo XIV. El convento de San Esteban y las memorias de Pedro Vidal en Tesonera. P.195

lunes, 25 de agosto de 2008

12 TORMENTA DE VERANO




12 TORMENTA DE VERANO


Era un atardecer de verano, caminaba junto a mi abuela, apresuradamente hacia casa. Una violenta tormenta manchaba el cielo del pueblo con nubes negras, que pasaban como desesperadas. Siempre olía igual cuando se desencadenaba una tormenta; a tierra mojada, olor transportado por el viento desde la lejanía; más bien diría, fragancia a tierra humedecida mezclada con la del poleo, hierbabuena, mejorana, artemisa, correhuela, espliego, manzanilla, romero…
El viento arreciaba silbando y agitando fuertemente los árboles. El paisaje se ensombrecía insensiblemente, con oscuridad apocalíptica.
De pronto, un enorme relámpago seguido del voraz estallido de un gran trueno, nos dejó atónitos en medio de la plaza, la escena era dantesca, apresuradamente entramos en casa despavoridos con el pánico pisándonos los talones.
– Jamás he pasado tanto miedo como el que sufrí aquella tarde. Especialmente después de haber escuchado la historia de que a mi tío Ángel Fraile, un rayo fugaz pasó rozándole y chamuscándole los pantalones a la altura de los tobillos, librándose por los pelos de la tragedia.
Recuerdo, que cerca del caño y sobre un altozano, se ubicaba una caseta desde la que se lanzaban cohetes para disolver las tormentas, después de escuchar los estampidos volvía la tranquilidad y se respiraba el frescor que dejaba el paso de la lluvia.
Yo, que estando a cobijo desaparecía la grima, abría el cajón de los rebojos para darme  un ligero agasajo, y al cerrarlo le atizaba un golpecito al tirador, que permanecía girando como manilla de barquillero.
Veo a la abuela con el abanico, dale que te pego, para mitigar el sofoco ¡Ay, Señor!

Milagro peregrino
que un llanto combinó;
tu canto, como yo,
se cansa de vivir
y rueda sin saber
dónde morir!...
Felipe García Fraile

miércoles, 16 de julio de 2008

11 LÉXICO DE LA RIBERA DEL TORMES




11 Léxico de pueblos limítrofes,
próximos a la ribera del Tormes, desde Salmanca a Ledesma.

Como he usado y usaré algunos vocablos populares que están en desuso, a continuación, relaciono un léxico incluyendo muchas de esas voces.
Las fuentes son diversas; la mayoría de estas palabras, las recuerdo, por haberlas escuchado en casa o repetidamente en la calle (figuran en cursiva) y han quedado plasmadas en mi sentido. Aunque he utilizado (aparte de las experiencias personales) el libro, Calzada de Valdunciel. Palabras, cosas y memorias de un pueblo de Salamanca. Pascual Riesco Chueca:

Alboroque: Pequeño agasajo que hacían en las tabernas el comprador y el vendedor cuando cerraban un trato.

Alpéndares: Útiles utilizados en algunos trabajos. También se refiere a persona mal vestida. ¡Mira que alpéndares lleva!

Alcaparrero: Exagerado, melindroso.

Achiperres: Utensilios.

Ancá de: En casa de.

Andancio: Epidemia.

Andalicorias: Remilgos, excusas, pretextos.

Antier: Antes de ayer.

Añusgarse: Atragantarse.

Aperos: tiene un sentido más amplio que el de ‘utillajes para una labor’. Puede aplicarse, con sentido humorístico o derisorio, a trastos, adornos, perifollos, complicaciones. "Mia qué aperos tiene en el cuarto, maja".

Arcabuz: Cangilón de noria.

Aricar: Dar a la tierra ya sembrada una labor ligera, pasando la reja por el valle de cada surco para quitar las malas hierbas y arrimar tierra a las plantas.

Asín: Así.

Atisbar: Mirar, observar con cuidado, recatadamente.

Averiguado: Listillo, enterado; cotilla; entrometido, chismoso

Baratilleros: Vendedores ambulantes.

Babas de buey: Hilos finos, de arañas, que se cruzan por el aire.

Baleo fino: Planta que se usa para hacer escobas.

Baluarte: Armazón del carro para la carga de mieses, forraje, heno o paja. Se hacía con unos palos largos sin punta colocados verticalmente en contacto con los tablones laterales, trabándolos con otros palos horizontales. Sujetada por esta armazón, se tendía una red de esparto holgada, que cuando se llenaba formaba grandes bolsones laterales.

Barreñón: Barreña grande, que servía para fregar la loza, entre otros usos.

Barruntar: Predecir.

Bigornia: Yunque que utilizaba el herrero.

Bollo maimón: Bizcocho suave, como en el resto de la provincia.

Boñiga: Las vecinas soltaban las gallinas a la calle para que picaran los granos de cereal intactos en las boñigas de buey y vaca. Algunos vecinos humildes recogían, con un escobajo y una herrada, las boñigas de las calles y caminos.

Boyá: Rebaño compuesto por todo el ganado vacuno del pueblo (vacas y bueyes).

Boyero: El que dirigía los movimientos del ganado por los pastos.

Buraco: Agujero.
Cabañuelas: Cálculo que, observando las variaciones atmosféricas en los 12, 18 ó 24 primeros días de enero o de agosto, forma el vulgo para pronosticar el tiempo que ha de hacer durante cada uno de los meses del mismo año o del siguiente.

Cachapa: Costra seca o semiseca de herida, postilla.
Cacharrero: Vendedor de loza ordinaria.

Calostros: Primera leche de las hembras recién paridas, especialmente de vacas y cabras. Se cocía, se tiraba el suero amarillento que sobraba, y se preparaba una especie de requesón, que se completaba con azúcar y canela.

Cántaro: Medida antigua de capacidad, equivalente a unos 16 litros.
Canto: Piedra, canto rodado de río. ¡Chacho, que te tiro un canto!.

Caño: En Valverdón, fuente situada en la carretera, próxima al cementerio. Hoy ha desaparecido.
Cayá: Cayada, bastón

Cebón: Cerdo cebado o en ceba para su engorde

Celemín: Unidad antigua de capacidad para áridos y grano (4.625 litros). También se usaba para medir extensión. En extensión, es la doceava parte de la huebra o fanega; en capacidad, es también la doceava parte. Cada celemín de extensión equivale a 33 y 1/3 estadales cuadrados.

Comparanza: Comparación o referencia. "Aunque sea mala comparanza".

Cornicabra: Raza de pimientos retorcida y puntiaguda, de muy buen sabor para freir. También se les llama pimientos cuernocabros.

Cortina: Tierra cercada con vallado de piedra u otro material.

Coscurro: También llamado rescaño: Trozo de pan próximo a la corteza.

Coyundas: Correas largas de cuero en forma de tiras que se usaban para uncir los bueyes y vacas al yugo. Se cantaba en la provincia:
"La despedida te doy,
la que dan los labradores
con las coyundas al hombro
adiós, ramito de flores".

Criado: Temporero, que pasaba el verano en la casa de los labradores para ayudar en las faenas de la recolección. Se contrataban para un año completo, hacia el día de San Juan o de San Pedro.

Cuadril: parte superior de la cadera. Las mujeres llevaban el cántaro de agua, el baño de ropa o la tajuela al cuadril para soportar mejor el peso.

Cuarterón: Medida antigua de capacidad, equivalente a cuatro onzas o un cuarto de libra. Se usaba para el tabaco.

Cuartilla: Medida antigua de capacidad, equivalente a un cuarto de cántaro, o sea, dos azumbres (unos cuatro litros). Como medida de superficie, equivalía a tres celemines o la cuarta parte de una fanega.

Cuartillo: Medida antigua de capacidad, equivalente a medio litro (otras indicaciones lo estiman en 0.504 l). Era la cuarta parte (de ahí el nombre) de un azumbre. 32 cuartillos equivalían a un cántaro. valía a 1/48 de fanega, es decir, la cuarta parte de un celemín.

Cuezo: hocico. "Meter el cuezo" es entrar donde a uno no se le llama.
Chacho: Muchacho.

Chanfaina: Guisado típico de arroz y menudos (bofes, callos, patas y trocitos de sangre cocida) que se tomaba como almuerzo.

Chaperón: Arreglo casero, improvisado o chapucero.

Chirumba: Palo de unos 15 cm usado en un juego infantil, que también recibía este mismo nombre. El palo tenía los dos extremos en punta. Se trazaba en el suelo un corro de unos 100 cm de diámetro, y se establecían dos equipos. Los atacantes debían conseguir que la chirumba terminase dentro del corro, y los defensores debían evitarlo. Para ello, alguien del equipo atacante lanzaba a mano el palo desde lejos intentando aproximarse al corro. Los defensores, a cada vez, disponían de tres lances para despejar. Con este fin, golpeaban con una paleta un extremo de la chirumba impulsándola hacia fuera. Es el juego conocido como toña, tala o lito en otras partes del español. Con el mismo nombre, chirumba, es usado en Fuentelapeña (Zamora). Ya Unamuno (Llorente, 1998) identificó este juego con la toña.

Chiscar: Encender fuego, o el cigarro.

Chisquero: Encendedor o mechero.

Chichirriburri: También “churriburri” con la expresión “to churriburri’’ se alude a un conjunto de personas de toda índole; a veces, pero no siempre, es peyorativo. La forma estándar castellana es zurriburri.

Churro: Ternero de cierta edad, entre uno y dos años; equivale a eral, palabra no usada actualmente en Calzada

Dediles: Especie de guantes para los dedos, hechos de cuero, que se utilizaban en la siega manual para proteger los dedos de cortes con la hoz. En la recogida del garbanzo servían para proteger del sarro de esta planta.

Derrengar: Agotar las fuerzas.

Diez, echar las: Tomar un pequeño refrigerio de pan y queso, o de pan y cebolla, o similar. Se daba a los segadores hacia las diez de la mañana, mientras descansaban un rato inferior a media hora y reponían fuerzas.

Lamprear: Registrar buscando restos de comida.
Librillo: Cuadernillo de papel de fumar. "Bambú","Abadié" o "Zig Zag"

Embuelza: Lo que cabe entre las dos manos juntas y ahuecadas.

Encalcar: Pisar la paja para que se apelmazara y ocupar menos espacio.

Entovía: Todavía

Escaño: Banco de las cocinas, con asiento muy ancho y respaldo alto. Se usaba para las comidas y, como sobraba asiento de fondo, era frecuente que hubiera objetos apilados detrás de los comensales. El escaño era el mueble por excelencia de las cocinas antiguas, con chimenea de campana.

Escarbar el borrajo: Remover la ceniza y las brasas en la lumbre o en el brasero.

Escardar: Limpiar de malas hierbas los surcos en las tierras sembradas. Es labor que se hacía hacia abril o mayo, después de la aricada de marzo.

Escobilla: Parece tratarse de la planta silvestre Agrostis castellana, o su pariente Agrostis salmantica, también llamadas en otras partes de la provincia ceacilla. Con ella se hacen escobas finas, de uso doméstico para limpiar el polvo.

Esparaván: Aspaviento.

Espigar: Recoger a mano restos de trigo u otra cosecha, semanas después de la siega.

Esquiliche: Esquilador, lo mimo para burros, caballos y todo el ganado equino. – ¡Pasa más hambre que el chico “El Esquiliche!

Faldiquera; Fratiquera; faltriquera: Bolso grande de paño que se ataba a la cintura o al cuello por dentro de la ropa para llevar a buen recaudo el dinero. "De Ledesma son los gatos, / que rebuscan las faltriqueras" (Sanz, 1953).

Falto: Tonto, cretino o retrasado.

Fanega: Medida de capacidad, de unos 55.5 litros o aproximadamente 43.5 kg de peso, si es de trigo, y 31 kg si es de cebada (Gómez Hernández et al., 1992). Se usaba normalmente la media fanega, recipiente de madera en forma de artesa estrecha. En correspondencia con la fanega de capacidad, estaba la fanega de tierra, más propiamente denominada huebra o güebra, medida de extensión (4472 m2 aproximadamente). La fanega de sembradura o huebra equivalía a 400 estadales cuadrados o 12 celemines. Cada estadal es de 3.344 m x 3.344 m, es decir, 11.18 m2 (algo más de 11 centiáreas).

Fardel: Esta voz, del español común ‘talega de lienzo o tela’, era muy usada. En los fardeles se llevaban garbanzos y alubias, ropa, entre otras cosas.

Galán: Vocativo de afecto. En otras zonas de ámbito leonés se usa el mismo término, especialmente para dirigirse a los niños.
Galán se generaliza a partir del s. XV con dos acepciones estrechamente emparentadas: ‘galanteador, seductor, aspirante a novio’ y ‘cautivador, bonito’. Juan del Encina, salmantino, emplea abundantemente ambas acepciones en su Cancionero.

Galbana: Pereza, flojera.

Gamarza: Parece tratarse de la misma planta, herbácea y medicinal, de flor grande como de manzanilla con disco amarillo, y corona blanca. Huele mal y es amarga, y acaso de ahí el nombre". Se corresponde con Anthemis cotula. Crecía en las lindes del secano y en los barbechos.

Gañán: Como en castellano estándar, gañán es el que guía el arado. Los labradores acomodados tenían criados, que se encargaban de hacer las aradas.

Garrapo: (1) Cría de cerdo, de edad inferior a un año. (2) Moratón en la punta de los dedos causado por un golpe contuso.

Garrobas: Algarrobas, legumbre cultivada que se usaba como pienso de ganado.
Garrota: Palo que sirve de bastón.

Garullo: Persona alta, grandona; a veces se aplica al adulto que hace cosas de niño; o al desgarbado.

Gata: Agujetas; calambres y engarrotamientos musculares. Cuando se ha trabajado mucho o caminado una larga distancia y al día siguiente se resiente el cuerpo se dice: "tengo una gata...".

Golondrino: Bulto que salía en las axilas.

Güera: Gallina que está empollando los huevos.

Hostigo: Orientación o flanco de las construcciones que se encuentra más combatido por las inclemencias (lluvia inclinada y viento).

Jabetá: Herida con arma blanca en la cara o en otra parte del cuerpo; corte de una loncha de jamón con cuchillo.

Jardo: Dícese del ganado vacuno cuya capa es de dos colores, negro y blanco. Equivale al término estándar berrendo en negro. A los bueyes jardos a veces se les ponía por nombre Golondrino.

Jera: Faena, tarea. Habitualmente se usa en sentido irónico: "ha hecho una buena jera", es decir, ha cometido una fechoría o causado un desperfecto considerable.

Jergón: Colchón relleno de paja o espadaña cuya funda era de tela gruesa y rústica o jerga.

Laña, Lañaor: Estañador. El que reparaba las cazuelas y utensilios de cocina. “Hechar una laña”. Remendar o soldar.

Lavadero: Tabla restregadera de madera que se llevaba al río para lavar. La operación, con lavadero (para lavar y para escurrir), baño y tajuela, se hacía sobre todo en el río.


Legua: Medida itineraria que usaban los viejos. En Valdelosa perduró su uso hasta la posguerra. Equivalía a 5.57 km .

Libra: Unidad de peso antigua, equivalente a la centésima parte de un quintal o a 1/25 de arroba; es decir, 460 gramos. Cada libra se dividía en 4 cuarterones o en 16 onzas. La lana, el pan, la carne y el queso se vendían por libras. Las ofrendas antiguas en las misas por un difunto solían ser de una o más libras de pan; y también se daba cerillas y vino para los responsos.
Librillo: Cuadernillo de papel de fumar. Abadié, Bambú o Zigzag.

Limpiar: Aventar las mieses, una vez trilladas y juntadas, volteando el grano y la paja revueltos mediante bieldos de madera, primero, y luego con palas de madera, cuando ya se ha ido eliminando la paja. Para ello hacía falta viento suave y sostenido.

Lumbre: Fuego del hogar. Estar a la lumbre es estar al arrimo de la chimenea.

Llares: Cadenas del hogar para colgar los calderos.

Majencias: Cosas de uso moderno, inaccesibles para las personas mayores, por su dificultad en el manejo.

Majos: Vestidos para la fiesta.

Malóbado: Seguramente derivado de “malograr”. Exclamación que desaprueba alguna cosa mal hecha. ¡Malóbado asqueroso!

Matachín: Matarife.
Mechero: De mecha, "contra el aire". (Chisquero)

Miar: Maullar

Molledo: Miga de pan

Mondongo: Masa de carne, panza, intestinos y otras partes de res vacuna y porcina, que se usa, debidamente aderezada, para hacer morcillas y embutidos.

Moquero: Pañuelo.

Moritos: Dulce de bollería; parecidos a las madalenas, pero con leche en vez de aceite y con menos huevo.

Muchas: Para avisar a misa, se daban tres toques. El primero, con una campanada aproximadamente media hora antes de ésta; el segundo toque es un cuarto de hora antes, y viene marcado con dos campanadas; el tercer toque cinco minutos antes de empezar la Misa. El último toque es inmediatamente anterior a la salida del cura al altar, y en un número indeterminado de campanadas. ¡Vamos!. Que ya están dando las muchas.

Nial: Nido, ponedero para las gallinas.

Nublado: Tormenta.

Parva: Montículo hecho con los manojos en la era / mies preparada para trillar

Panecitos de san Antón: Dulces que se hacían por San Antón, de forma circular.

Pardal: Gorrión (Passer domesticus).

Pega: Urraca.
Petaca: Estuche de cuero, que servía para llevar el tabaco.

Pinta: Trago de vino, bebido de una jarra de barro (más tarde, de latón). Dámaso Ledesma (1907) recoge el cantarcillo: "lo que se usa en Valcuevo, se usa en Zorita, y en llegando a la puerta, venga una pinta". Parece una canción pedigüeña, de temporeros que al llegar a casa de amos reclamaran, después de la dura jornada, un pequeño refrigerio. ‘Beber una pinta’ es echar un trago.

Porcá: Piara de cerdos de los vecinos, reunidos y pastoreados comunalmente.

Porquero: El que dirigía los movimientos del ganado por los pastos.

¡Pos luego!: De acuerdo, está claro.

Pupo: Abubilla (Upupa epops). Así como el cuco es de campo abierto, y se oye cuando se anda "a las tierras", el pupo es de afueras de pueblo, y merodea cerca de las eras.

Quitameriendas: Flor de color lila (Merendera pyrenaica o M. montana), emparentada con el cólchico, que crece en las eras y los prados al final del tiempo de las faenas de verano, anunciando la llegada del otoño. El acortamiento de los días que coincidía con el declinar de las faenas en la era, daba lugar a un gradual adelanto de la hora de la cena (ya en casa), con lo que la merienda, que pagaba el amo, quedaba suprimida por innecesaria.

Rachizo: Trozo de leño grueso, cortado según la hebra, tal que una o dos secciones longitudinales quedan expuestas. El corte de la leña en rachizos se hacía en casa, en previsión del invierno. La ventaja sobre el corte transversal que hacía la sierra en el monte, es que en las superficies astilladas y abiertas de las secciones longitudinales agarra mejor el fuego.

Ratonera, Nieve: la nieve fina que en los temporales, con el fuerte aire, se cuela por las rendijas de las tejas, las luceras, las chimeneas, las gateras de la puerta y demás huecos.

Rebojo: Restos en trozos de pan que sobraba de las comidas.

Rescaño: Corteza del pan. Coger un rescaño equivale a empezar la hogaza.

Saltigallo: Saltamontes.

Segadores: Las cuadrillas que venían a la siega eran de procedencia variada.

Sobrado: Parte superior de las casas, situada sobre los forjados del piso bajo. Se usaba como desván para almacenar toda la cosecha o parte de ella; principalmente se guardaba en el "sobrao" los granos y piensos destinados a alimento diario de los ganados. También se ponían en el sobrado a veces algunos catres para los hijos.

Solana: Soleado, que recibe el sol en abundancia.

Solombrío: Umbría, zona a la que no llega el sol.

Somanta:Tanda de golpes, zurra, paliza

Sorbetón: Aspiración nasal para retener los mocos cuando se tienen. La respuesta se ritualizaba con este refrancillo: ¿"De dónde eres, niño? / Del sorbetón. / De allí es mi padre, / de allí mi madre, / y de allí soy yo".

Sornavirón: Sornavique, bofetada.

Tamién: También.

Tajá: Trozo de carne o embutido. ¡Tajá limpia y vino puro!

Tarambaina: Persona con poco juicio, informal.

Tordo: Estornino negro (Sturnus unicolor). Eran frecuentes en las huertas de arbolado espeso, sobre el tejado de la panera junto a la carretera, y en los olmos (negrillos) de la carretera, donde se dejaban oir sus gorjeos, silbos y flautines.

Tornadera: Apero de mango largo y cabeza de metal, con cuatro o cinco ganchos, que se usaba para levantar las haces recién formadas durante la siega e irlas lanzando al carro. Bastaban dos personas: una abajo, iba levantando los haces; otra, desde el carro, las iba colocando hasta llenarlo por completo. También se usaban las tornaderas para igualar la parva de trilla cuando iba quedando deformada por el paso del trillo.

Tornear: Dar vueltas a la mies de la parva mientras pasa el trillo. La operación se llevaba a cabo mediante una tornadera o bieldo de dos o tres puntas, al principio. A medida que iba quedando triturada la paja con el trillo, se empezaba a usar la pala de madera. Tornar era tanto más necesario cuanto más espesa fuera

Turrar: Tostar.
Unamuno: Reflejo aquí el apellido del ilustre Rector; porque en las décadas de los cuarenta y cincuenta del pasado siglo, era nombrado repetidamente, motivado entre otras cosas por la afluencia de personas que acudían a la consulta de uno de sus hijos; el Dr. Jose de Unamuno Lizárraga; afamado oculista por aquellos años. Mi madre me llevó a esa consulta en diversas ocasiones.
A propósito de esto; no recuerdo cuando cayó en mis manos una nota que dice:
Unamuno (Don Miguel) fue algunas veces a descansar a la casa de Cardeñosa, que pertenecía a su amigo y también catedrático Luis Maldonado de Ocampo.
El dato que encontramos en el diccionario de Madoz sobre Cardeñosa dice: Alquería agregada al ayuntamiento de Villanueva de Cañedo, partido judicial y diócesis de Salamanca (3leg). Situado sobre una pequeña colina y compuesta de cinco casas: Confina al N. con su matriz ½ leg., E. con el desp. Torrejón ¼; S. Valdunciel ¼ , y O Huelgos ¼ . Se extiende ½ legua de N. a S. ¼ de E. a O., y comprende 670 huebras, cuyo terreno es una cuarta parte de primera calidad, dos y media, una de inferior, y tiene dos montes bastante poblados hacia el N.

Vasal: Lugar para poner los vasos, o la vajilla en general.

Zarigüelles: Referente a las espinas o trozos de plantas secas, que se pegaban en el calzado y en los calcetines. Seguramente, derivado de “Zaragüelles”. Según la definición del DRAE: 3. m. pl. Planta de la familia de las Gramíneas, con las cañas débiles, derechas, de más de tres decímetros de altura, desnudas en la parte superior, y en la inferior con tres nudos negruzcos e igual número de hojas que envuelven el tallo en la mitad de la parte comprendida entre nudo y nudo, y las flores en panoja compuesta de espiguillas colgantes con aristas rectas.

Zocaño: Trozo grande de pan, zoquete.

Zurra: Paliza.

Zurreta: diarrea.
Felipe García Fraile